Cuatrocientos dolores llevaba en sus bolsillos rotos que fueron olvidados en el camino.
El cielo imperdible, y los colores hermosos siempre la sedujeron. Ella pensaba que las dimensiones del silencio se volvían suaves como la brisa y que tenían el poder de rellenar los lugares. Si lo pensaba de forma seria y compacta las ocasiones se volvían breves pero honestas, lluviosas y amorosas, Como el agua húmeda y mojada.
Era el momento de entrar en la ciudad de las cascadas con sus escaleras colgantes y sus colores ultravioletas, era necesario encontrar los caminos de los cuales siempre le hablaron, esa gente lejana que nos visita. La acompañaron sus mejores mascaras y dos o tres vestidos reciclados, nunca abandonó sus acertijos porque la complementaban así mismo nunca dejo atrás al misticismo.
Los remolinos que soñaba flotaban en el techo del hotel, al igual que su cabeza y las otras partes del cuerpo que le molestaban, las paredes hicieron espacio para que cayera su pecho desabotonado y sus cordones embarrados que arrastro por más de dos kilómetros de playa se encontraron con el piso blando del hotel.
La claridad de sus visiones, ese tercer ojo. La trajeron de golpe a una despedida fulminante de hologramas que son solo eso, pura ilusión y que se vuelve neblina como todo lo que nos desvela.
El ritmo, se apodero de sus pisadas donde la verdad era el tempo de la melodía,- ¡esto no es un extensión… es el comienzo…!- con esas palabras el bulto la abandono, y con un una brisa ligeramente negra entro el sol del norte por la ventana del hotel para calmar este abandono.
Con su llegada, también llego la suerte que mas bien traía cara de justicia como un gran reflector de cine, las alegrías la embellecieron, la corrigieron, la confirmaron.
Sus nubes violetas aparecieron para quitarle el calor de sus furias y darle paz a sus cielos.
Sus corazones rotos los boto por el río del costado y cerca de la pampa planto nuevas semillas donde el amarillo se apodero de sus cosechas, los besos fueron como aretes que adorna la cara de una mujer, el sexo como la guinda de la torta y su libertad eterna como siempre, donde el mes de abril marco el inicio de todo lo bueno incluso el color de su piel morena.
El cielo imperdible, y los colores hermosos siempre la sedujeron. Ella pensaba que las dimensiones del silencio se volvían suaves como la brisa y que tenían el poder de rellenar los lugares. Si lo pensaba de forma seria y compacta las ocasiones se volvían breves pero honestas, lluviosas y amorosas, Como el agua húmeda y mojada.
Era el momento de entrar en la ciudad de las cascadas con sus escaleras colgantes y sus colores ultravioletas, era necesario encontrar los caminos de los cuales siempre le hablaron, esa gente lejana que nos visita. La acompañaron sus mejores mascaras y dos o tres vestidos reciclados, nunca abandonó sus acertijos porque la complementaban así mismo nunca dejo atrás al misticismo.
Los remolinos que soñaba flotaban en el techo del hotel, al igual que su cabeza y las otras partes del cuerpo que le molestaban, las paredes hicieron espacio para que cayera su pecho desabotonado y sus cordones embarrados que arrastro por más de dos kilómetros de playa se encontraron con el piso blando del hotel.
La claridad de sus visiones, ese tercer ojo. La trajeron de golpe a una despedida fulminante de hologramas que son solo eso, pura ilusión y que se vuelve neblina como todo lo que nos desvela.
El ritmo, se apodero de sus pisadas donde la verdad era el tempo de la melodía,- ¡esto no es un extensión… es el comienzo…!- con esas palabras el bulto la abandono, y con un una brisa ligeramente negra entro el sol del norte por la ventana del hotel para calmar este abandono.
Con su llegada, también llego la suerte que mas bien traía cara de justicia como un gran reflector de cine, las alegrías la embellecieron, la corrigieron, la confirmaron.
Sus nubes violetas aparecieron para quitarle el calor de sus furias y darle paz a sus cielos.
Sus corazones rotos los boto por el río del costado y cerca de la pampa planto nuevas semillas donde el amarillo se apodero de sus cosechas, los besos fueron como aretes que adorna la cara de una mujer, el sexo como la guinda de la torta y su libertad eterna como siempre, donde el mes de abril marco el inicio de todo lo bueno incluso el color de su piel morena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario