viernes, 14 de mayo de 2010

Las de al lado me santiguaron

Creo no estar segura de cómo paso, pero paso, de lo que si estoy segura, es que fue lo mejor que me paso en la vida.
Por falta de tiempo mi madre no pudo regalarme un hermano y no la juzgo por eso, porque con el paso de los años me he dado cuenta que nunca lo necesite.
La puta viva es sabia, tan sabia que derepente me aturde y no me deja ver con claridad, tan clara, que me llena de regalos sin yo merecerlos. Mientras me aprovecho de los hermosos momentos, me doy cuenta que la vida no esta hecha de tiempo sino de estados, no de centímetros que caminamos sino de lo que avanzamos, no del deseo sino de lo que merecemos.
¿Y ahora que hacemos?
Porque:
Bendecidas fueron las que nos regalaron sobrinos y fueron bellas madres.
Bendecidas, las que se pararon aunque sea con las manos porque les cortaron los pies y así aprendieron de nuevo a caminar.
Bendecidas, las que nos fuimos sin quererlo, pero que no hay día en que no nos acordemos de ustedes.
Bendecidas, las que no abandonaron porque tiene el don de la fuerza y supieron estar donde no pudo estar la otra.
Bendecidas, las que nos derrumbamos y solo una de ustedes podría sostenernos y enseñarnos que derepente hay que tropezar.
Bendecidas somos por escucharnos entre la bulla, respetarnos y no juzgarnos porque nos conocemos, querernos cuando a lo mejor no lo merecemos y acompañarnos aunque mi mano no este sobre tu frente para acariciarte.
Bendecida yo por llenarme de gente tan maravillosa sin pedir nada ha cambio y estupida por no habérselos dicho nunca.
Porque no me imagino otra vida sin ustedes, porque cada vez que me voy me reciben con una sonrisa cuando vuelvo a casa y porque yo no huyo de ustedes, sino de mi cuando no estoy, porque lo único que tengo en esta vida realmente mío son ustedes porque así lo decidimos.
¿Cómo paso? ¿Por qué paso?
No lo se, pero gracias a la vida por ponerlas junto a mi, porque sin ustedes seria tan difícil vivir.