...Esperando la muerteComo un gato
Que va a saltar sobre la cama...
Bukoswski.
Él se mueve como culebra entre las ramas con los ojos color de madera y su hermosa boca roja, por donde se le asomaba la lengua para acariciar las hojas. Se escondía de sus dolores y tormentas tropicales en bosques vírgenes para recobrar la paz de sus amores.
El sonido de los animales rondándole lo excitaban a tal punto que la obsesión de conquistarlos se había vuelto un deporte no menos siniestro en lugares comunes donde él podía manejarse con mas sutileza.
El relato de las bestias embestidas se resume a una sola descripción -“el de boca roja”-
Testigos aseguran, que su dominio de la caza, se debía a sus antepasados y consejos mancomunados de personas que desconozco. Su fama radica en la forma milenaria de como llevaba acabo el ritual.
Presa 1: sus brazos como plumas de pavo real, cortaban el aire, sus pasos firmes y su espalda de adobe se hacían fuertes como los arboles del bosque y su boca, su adorada boca – rechino la bestia – mientras se retorcía.
Presa 2: su olor a barro, junto con su saliva me emboscaron como pájaro hambriento, me comió las entrañas en un puro aliento, y me penetro con un suspiro- dijo, la criatura-
El bosque lo seducía y le susurraba al oído, diciéndoles palabras sucias como el agua turbia de sus penas. Dicen que algo se le rompió, que por alguna parte se le escapa el espíritu o mas bien dicho el alma, que el jugar con fieras le de vuelve su ego desaparecido y así recobra el deseó que perdió en algunas batallas.
Lo encontré mirando la luna y lo conocí en un balcón que daba a un bosque muerto, en una calle que desconozco, comiendo aceitunas y tomando cerveza; Sentí su olor, su color, su instinto, su deseó, pude conectarme con su boca, comí si estuviéramos besándonos o lamiéndonos, sentí la endemia del hipnotismo de su centro cuando me toco y el poder encantador de su risa, estuve en su bosque virgen y silencioso, me alimente de sus victorias y me dejo libre como siempre, como a todas.
“El bosque se veía denso como un matorral de moras, con su neblina húmeda como los pies, él se mostraba como ríos pedregosos que se habrían como ojos en sus fines, el camino se volvía oscuro como noche sin luna, los senderos dejaron toda su humanidad al aire, para que yo pudiera perderme entre los arbustos, me brindo la ventaja de la duda y el miedo, para sentir mi sangre y mi perfume. Fui presa y carnada, dentro de su danza perfecta. Nunca mas lo volví a ver - el cazador-se perdió entre la nada dejándome solo un dejavu que se asoma por una escalera escondida, a veces lo recuerdo junto con el olor del pan caliente.”
El sonido de los animales rondándole lo excitaban a tal punto que la obsesión de conquistarlos se había vuelto un deporte no menos siniestro en lugares comunes donde él podía manejarse con mas sutileza.
El relato de las bestias embestidas se resume a una sola descripción -“el de boca roja”-
Testigos aseguran, que su dominio de la caza, se debía a sus antepasados y consejos mancomunados de personas que desconozco. Su fama radica en la forma milenaria de como llevaba acabo el ritual.
Presa 1: sus brazos como plumas de pavo real, cortaban el aire, sus pasos firmes y su espalda de adobe se hacían fuertes como los arboles del bosque y su boca, su adorada boca – rechino la bestia – mientras se retorcía.
Presa 2: su olor a barro, junto con su saliva me emboscaron como pájaro hambriento, me comió las entrañas en un puro aliento, y me penetro con un suspiro- dijo, la criatura-
El bosque lo seducía y le susurraba al oído, diciéndoles palabras sucias como el agua turbia de sus penas. Dicen que algo se le rompió, que por alguna parte se le escapa el espíritu o mas bien dicho el alma, que el jugar con fieras le de vuelve su ego desaparecido y así recobra el deseó que perdió en algunas batallas.
Lo encontré mirando la luna y lo conocí en un balcón que daba a un bosque muerto, en una calle que desconozco, comiendo aceitunas y tomando cerveza; Sentí su olor, su color, su instinto, su deseó, pude conectarme con su boca, comí si estuviéramos besándonos o lamiéndonos, sentí la endemia del hipnotismo de su centro cuando me toco y el poder encantador de su risa, estuve en su bosque virgen y silencioso, me alimente de sus victorias y me dejo libre como siempre, como a todas.
“El bosque se veía denso como un matorral de moras, con su neblina húmeda como los pies, él se mostraba como ríos pedregosos que se habrían como ojos en sus fines, el camino se volvía oscuro como noche sin luna, los senderos dejaron toda su humanidad al aire, para que yo pudiera perderme entre los arbustos, me brindo la ventaja de la duda y el miedo, para sentir mi sangre y mi perfume. Fui presa y carnada, dentro de su danza perfecta. Nunca mas lo volví a ver - el cazador-se perdió entre la nada dejándome solo un dejavu que se asoma por una escalera escondida, a veces lo recuerdo junto con el olor del pan caliente.”
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