miércoles, 28 de marzo de 2012

Welcom








Cuatrocientos dolores llevaba en sus bolsillos rotos que fueron olvidados en el camino.
El cielo imperdible, y los colores hermosos siempre la sedujeron. Ella pensaba que las dimensiones del silencio  se volvían suaves como la brisa y que tenían el poder de rellenar los lugares. Si lo pensaba de forma seria y compacta las ocasiones se volvían breves  pero honestas, lluviosas y amorosas, Como el agua húmeda y mojada.
Era el momento de entrar en la ciudad de las cascadas con sus escaleras colgantes y sus colores ultravioletas, era necesario encontrar los caminos de los cuales siempre le hablaron, esa gente lejana que nos visita. La acompañaron sus mejores mascaras y dos o tres vestidos reciclados, nunca abandonó sus acertijos porque la complementaban así mismo nunca dejo atrás al misticismo.
Los remolinos que soñaba flotaban en el techo del hotel, al igual que su cabeza y las otras partes del cuerpo que le molestaban, las paredes hicieron espacio para que cayera su pecho desabotonado y sus cordones embarrados que arrastro por más de dos kilómetros de playa se encontraron con el piso blando del hotel.
La claridad de sus visiones, ese tercer ojo. La trajeron de golpe a una despedida fulminante de hologramas que son solo eso, pura ilusión y que se vuelve neblina como todo lo que nos desvela.
El ritmo, se apodero de sus pisadas donde la verdad era el tempo de la  melodía,- ¡esto no es un extensión… es el comienzo…!- con esas palabras el bulto la abandono, y con un una brisa ligeramente negra entro el sol del norte por la ventana del hotel para calmar este abandono.
Con su llegada, también llego la suerte que mas bien traía cara de justicia como un gran reflector de cine, las alegrías la embellecieron, la corrigieron, la confirmaron.
Sus nubes violetas aparecieron para quitarle el calor de sus furias y darle paz a sus cielos.
Sus corazones rotos los boto por el río del costado y cerca de la pampa planto nuevas semillas donde el amarillo se apodero de sus cosechas, los besos fueron como aretes que adorna la cara de una mujer, el sexo como la guinda de la torta y su libertad eterna como siempre, donde el mes de abril marco el inicio de todo lo bueno incluso el color de su piel morena.

sábado, 24 de marzo de 2012

El Cazador

                                                                                                        


 
 ...Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre la cama...
Bukoswski.





 Él se mueve como culebra entre las ramas con los ojos color de madera y su hermosa boca roja, por donde se le asomaba la lengua para acariciar  las hojas. Se escondía de sus dolores y  tormentas tropicales en bosques vírgenes para recobrar  la paz de sus amores.
El sonido de los animales rondándole lo excitaban a tal punto que la obsesión de conquistarlos se había vuelto un deporte  no menos siniestro en lugares comunes  donde él podía manejarse con  mas sutileza.
El relato de las bestias embestidas se resume a una sola descripción -“el de boca roja”-
Testigos aseguran, que su dominio de la caza, se debía a sus antepasados y consejos mancomunados de personas que desconozco. Su fama radica en la forma  milenaria de como llevaba acabo el ritual.
Presa 1: sus brazos  como plumas  de pavo real, cortaban el aire,  sus pasos firmes y su espalda de adobe se hacían fuertes  como los arboles del bosque y su boca, su adorada boca – rechino la bestia – mientras se retorcía.
Presa 2: su olor a barro, junto con su saliva me emboscaron  como pájaro hambriento, me comió las entrañas  en un puro aliento, y me penetro con un suspiro- dijo, la criatura-
El bosque lo seducía y le susurraba al oído, diciéndoles palabras sucias como  el agua turbia de sus penas. Dicen que algo se le rompió, que por alguna parte se le escapa el espíritu o mas bien dicho el alma, que el jugar con fieras le de vuelve su ego desaparecido y así recobra el deseó que perdió en algunas batallas.
Lo encontré mirando la luna y lo conocí en un balcón que daba a un bosque muerto, en una calle que desconozco,  comiendo aceitunas y  tomando cerveza; Sentí su olor, su color, su instinto, su deseó,  pude conectarme con su boca, comí si estuviéramos besándonos o lamiéndonos, sentí la endemia del hipnotismo de su centro cuando me toco  y el poder encantador de su risa, estuve en su bosque virgen y silencioso, me alimente de sus victorias y me dejo libre como siempre, como a todas.
“El bosque se veía denso como un matorral de moras, con su neblina húmeda como los pies,  él se mostraba como ríos pedregosos que se habrían como ojos en sus fines,  el camino se volvía oscuro como noche sin luna, los senderos dejaron  toda su humanidad al aire, para que yo pudiera perderme entre los arbustos, me brindo la ventaja de la duda y el miedo, para sentir mi sangre y mi perfume. Fui presa y carnada, dentro de su danza perfecta. Nunca mas lo volví a ver - el cazador-se perdió entre la nada dejándome solo un dejavu que se asoma por una escalera escondida,  a veces lo recuerdo junto con el olor del pan caliente.”