jueves, 19 de agosto de 2010

BELZEBUTH (Poema de Teresa Wilms Montt, escrito en Madrid en 1919)

Mi alma, celeste columna de humo, se eleva hacia
la bóveda azul.
Levantados en imploración mis brazos, forman la puerta
de alabastro de un templo.
Mis ojos extáticos, fijos en el misterio, son dos lámparas
de zafiro en cuyo fondo arde el amor divino.
Una sombra pasa eclipsando mi oración, es una sombra
de oro empenachado de llamas alocadas.
Sombra hermosa que sonríe oblicua, acariciando los sedosos
bucles de larga cabellera luminosa.
Es una sombra que mira con un mirar de abismo,
en cuyo borde se abren flores rojas de pecado.
Se llama Belzebuth, me lo ha susurrado en la cavidad
de la oreja, produciéndome calor y frío.
Se han helado mis labios.
Mi corazón se ha vuelto rojo de rubí y un ardor de fragua
me quema el pecho.
Belzebuth. Ha pasado Belzebuth, desviando mi oración
azul hacia la negrura aterciopelada de su alma rebelde.
Los pilares de mis brazos se han vuelto humanos, pierden
su forma vertical, extendiéndose con temblores de pasión.
Las lámparas de mis ojos destellan fulgores verdes encendidos
de amor, culpables y queriendo ofrecerse a Dios; siguen
ansiosos la sombra de oro envuelta en el torbellino refulgente
de fuego eterno.
Belzebuth, arcángel del mal, por qué turbar el alma
que se torna a Dios, el alma que había olvidado las fantásticas
bellezas del pecado original.
Belzebuth, mi novio, mi perdición...

jueves, 12 de agosto de 2010

A veces me cuelgo, A veces me ahogo, Aveces me quemo, etc


Según mi madre soy experta en saber perder el tiempo,
dispongo de los momentos, no de los segundos, entiendo
que para todos no sea así, ya que con una suicida en la familia
es suficiente. En el periodo de tres años me he muerto y nacido
al rededor de trece veces, cada ves que vuelvo a nacer adquiero una nueva cicatriz,
puedo convivir con ellas casi siempre, pero hay veces en que me quemo y los jugos de mis carnes al mezclarce con el fuego, parecieran destilar un rico licor que casi siempre es bueno y sabroso para el resto de los espectadores.
Las veces en que tome la decisión de colgarme, fue porque la altura me izo
delirar, como casi siempre le pasa a la gente que no elige bien
sus acantilados para jugar a los paracaidistas, una ves, una A también se colgó junto conmigo, pero a ella se la llevaron las flores del Cairo, creo. Siempre me hablo de que sus miedos eran mas profundos, por eso no la deje comer clavos en la ultima cena, ya no era necesario, yo ya había muerto.
La vez que me ahogue fue solo por placer, ha sido mi muerte mas cociente
pero menos decidida, por no pensar que moriría amaneci estrangulada hay en tu cama, al lado de un piano y serca de un cactus, como si pudieras sabes donde clavar tus púas para que yo tratara de buscar el aire que me robaste en cada ocasión, en cada encuentro.
El resto de mis muertes, son menos sabidas pero mas tenebrosas, mas ingenuas
pero siempre negras, eligieron muy bien a mi maquillador, es lo mínimo que uno
debe hacer para unos golpes, gritos, destierros y enfrentamientos.
Pero eso si que es intransferible y confidencial.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Ejercicio Matemático.

Cuando me di cuenta que los gusanos ya eran parte de esto, me dio la sensación de que el karma es una cuestión de suerte o defecto heredado ya que se presenta de las dos formas, la persona en karma y el que debe ejecutarlo para que llegue a su fin, el infaltable antagonista.

Yo sin el más mínimo miedo al proceso, me aventuro a interrumpir tu camino al descenso no impidiendo que el viaje cambie de dirección, sino como mediador entre lo que se trasfigura para que lleges a tu siguiente estado. (Victima)

He aquí, la forma tangible y errónea de morir bajo mi criterio morboso y sádico, me toma y golpea contra el razonamiento de lo lógico y físico. Pienso que este parámetro para pagar las deudas adquiridas no es nada justo pero ante eso nada puedo hacer pues es un camino predeterminado y reservado al protagonista.

La cadena de sucesos que conllevan el clímax de nuestras vidas, nos vuelve ilusos y arrepentidos morosos creyendo en el futuro cielo con sus calcomanías de ángeles e instrumentos designados para tocar en la próxima vida eterna. Una vez un profesor de mi universidad me dijo:” ¡Que wuea mas fome ir al cielo, tener que usar unas túnicas, todos iguales, mas prefiero la locura del infierno si tuviera que decidir!” (Cesar farhas).

La decisión de pertenecer o creer en alguna religión, presagio o consecuencia de nuestra historia escrita en el periodo que permanezcamos como humanos, nos limita a dejar de ser leales a nuestros impulsos o decisiones, no siendo mi caso asumo las consecuencias como el ruido asume el silencio.

Casi siempre equivocada y muy poco asertiva, a la hora de sumar pareciera que mi próximo karma, cielo o infierno designado será parte de la inmensa rueda de la acción y reacción, como el más exacto ejercicio matemático.