jueves, 10 de junio de 2010

Requiem de una Lluvia

Mientras las gotas golpeaban el pavimento, fui capaz de encontrar todas esas señales que tanto busque. Desde el momento en que me subí a ese auto me di cuenta que viajaba en dirección al punto cero, los amigos con tatuajes y grandes ojos redondos estiraban sus largos brazos tratando de atraparme, ellos me brindaron risas, alcohol y humo.
De uno en uno fueron cayendo las moscas en el charco para chapotear en mi pequeño reflejo, no me quedo de otra que venderme a la compañía y al lugar, eso era lo mejor de todo. En vola` de pájaro las nubes negras volaron por todo el departamento dándonos cuenta que mas de uno estaba con el agua hasta las axilas, algunos se juntaron con otros para ver si encontraban ese calor que tanto uno busca cuando esta empalo` de frío, yo empecé a escuchar como se contraían los músculos de mis amigos con cada tiriton espasmatico que emitían, como la sangre corría por el cuerpo de los otros y como la vida sigue cuando uno se detiene pa` ver si puede tiritar como ellos.
Me fume el orgullo mezclado con tabaco que encontré en el sillón de la dueña de casa y me senté en una silla blanca, la única silla blanca que no se encontraba estilando en ese lugar, tu saliva me pegaba en la cara cuando trataba de entender lo que me decías, como estaba ebria no me quedo de otra que vomitar mi autorreferencia y dejarte hablar, a pesar de que hablamos en distintas lenguas, siempre me quisiste como si hubieses vivido en chile, al final compartimos lo que mas queremos.
Pero hay algo que no entendía en esta cadena de sucesos, yo siempre supe de alguna forma que tenia los pies mojados, pero no entendía porque nadie me había dicho que tenia un hoyo en mis zapatos, y como no entendía solo me dedique a mirarte, ha llorar y a pensar en el frío que sentía, pero no por el clima de la noche, sino porque el huracán que tenia frente a mi, me estaba quitando todo lo que había tenido en la vida.
Pero como soy una persona con suerte, decidí salir al balcón y enfrentarlo, cuando traspasé el portal de la habitación me encontré con un árbol de donde amarrarme.
El aguacero empezó a tocarme las uñas de los pies y termino por desbordarse en mis pestañas, los colores de mi cara se desvanecieron, tuve que mirar como la onda expansiva de cada gota que chocaba con el suelo destruía todo a su paso, menos ese balcón donde estábamos tu y yo.
Cuando deje de mirar el suelo y levante mi cabeza te tenía tan cerca que me paralice, cada palabra que salía de tu pequeña boca, era como si fueran cien bocas gritándome, ya no eran pequeñas, ahora ellas querían comerme por tanta rabia que habían masticado.
Creo que estuvimos más de una hora en esa especie de isla que formamos, vimos como todo desaparecía y como los buenos amigos nos despedían con pañuelos bordados deseándonos buen regreso, nunca dejo de llover en todo nuestro viaje, ese fue uno de los estigmas de nuestra conversación porque ni tu ni yo queríamos mojarnos mas.
Después de una larga estadía juntas, miramos hacia el norte y vimos como las nubes desaparecían, hacia tiempo que no pisábamos tierra firme, nos dimos cuenta que aun teníamos esperanzas, nos abrazamos tan fuerte que cuando nos despegamos volvimos a estar en ese mismo balcón donde nos habíamos encontrado. Ese árbol del que te había hablado estaba empezando ha florecer, tome una flor para ponerla en mi cabello y otra para que se la llevaras de regalo a tu hija. Juramos antes de volver ha entrar al departamento que no volveríamos a provocar tanta calamidad alrededor de nuestras vidas, para que no sintiéramos de nuevo este mismo frío otra vez, me tomaste de las manos y me enseñaste a tiritar de nuevo para encontrar ese calor que perdí en el viaje de regreso, las gotas ya no estaban ni afuera ni adentro del lugar, sentí como el sol me pego en la cara, quemo las palmas de mis manos y me calentó la piel, sin darme cuenta habíamos sobrevivido al diluvio.
Ya dentro de ese pequeño lugar donde estábamos todos, las distancias se acortaron, te marchaste con una sonrisa en la cara lo que me hizo muy feliz, me sentí en paz, hace mucho tiempo que no me sentía así.
En la agonía de esta tormenta, después de tu despedida, mire como aleteaba ha mí alrededor una mariposa que trataba de posarse más de una vez en mis labios, no pude resistir las ganas de comérla, lo hice sin niun remordimiento, hace mas de dos años que no comía tan bien, después de mi largo reposo me levante y seguí mi dirección hacia la carretera ya con la luz acompañándome, vi con asombro como me brotaron alas en mi espalda dándome el privilegio de volar, con los ojos rasgados llegué a mi casa mas colorida que nunca, esta vez las nubes no eran negras eran de miel, endulce mi café, me arrope y desperté.-

1 comentario:

  1. Tu ...me haces creer que hay gente que si puede querer, amar, y respetar de verdad.
    Te admiro, Jhanna.

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