
Mis manos congeladas por una sobredosis de rechazo y desapego parecieran estar muriendo. Mis dedos caen como gotas de saliva gastada y mi pecho se pone verde sin motivo ni circustacia, mientras que mis ojos se bañan en tu recuerdo de sombra y dolor.
Más quisiera ser una copa de vino brindada a un borracho que una nube siendo tan real desaparece para no verla más.
El cigarrillo hace que mi miedo a la muerte desaparezca, a lo mejor conviviendo con ella puedo ser feliz.
Quisiera vomitar cangrejos de color naranjo, para entender porque soy de un signo basado en el horóscopo (en ese momento me acercaría a las estrellas, las tomaría y las guardaría en mi bolsillo, para pegártelas en la frente y crucificarte como un dios pagano, seria tu María Magdalena, que ironía la mía).
Y luego el silencio, que no se escuche nada más que mi respiración, es la única manera para traerte de nuevo conmigo.
Me arrancaría la piel y te la daría para que construyeras un almohadón de plumas donde pudieras descansar, te dejaría mi sangre para que te bañaras en ella y olieras mis intimidades.
Mas a mi me basta con una pestaña negra de tus ojos para recordar y volver a creer que giramos entorno al sol.
Guardaría a tus hijos en mi vientre sin pedir siquiera ser la madre algún día. Luego me vestiría solo con el collar que me regalaste para que cuando me tomaras solo pudieras tocas mis relieves y sentir mis mares.
¡Como me excita tu olor, Dios!
Si pudiera te robaría los miedos para que no dudaras de vivir un poco más.
Cerrando los ojos esta la puerta donde te encontré una vez, maldita mi suerte porque he perdido la llave y la espera no me sienta bien.
Con los músculos atrofiados y un poco de pelo construiré el vestido más bello para la ocasión.
Mi cuerpo ya es tuyo soy yo la que te lo dio, tómalo sin pretender grandes cosas ya que se encuentra defectuoso, pero su alma aun sigue intacta hasta que podamos bailar un vals de a dos aunque yo ya no tenga los pies.-
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